Ejercicio físico y Psicoterapia. ¿Qué comparten entre ellos?

En estos momentos de cuarentena por el COVID-19 muchos habremos realizado actividades nuevas o retomado algunas después de mucho tiempo.

Quiero enfocarme en esto último, en mi caso retome el ejercicio físico, el cual era una actividad que no realizaba con frecuencia, desde hace años lo vengo dejando de lado por “falta de tiempo”.

Y siendo sincera, ahora que estoy entrenando nuevamente hay días en que recuerdo porque le daba largas, no es algo que me encante pero con el tiempo le he agarrado algo de gusto (la mayoría de las veces).

Pero una de las cosas que más disfruto de esta actividad es que es un tiempo para mí, para cuidarme.

Sí es verdad, sientes dolor, sudas y en ocasiones cuestionas si tu entrenador esta de mal humor, quiere torturarte o que habrás hecho para merecerlo.

Pero me ha permitido tener un tiempo para mí a nivel emocional y reflexionar sobre diversas áreas de mi vida, y una de ellas es mi trabajo.

Sobre esto último, he pensado sobre como el proceso de ambas actividades se parece.

Seguro te preguntarás como es eso, bueno ya te cuento.

Vayamos paso a paso:

Para empezar el entrenamiento buscas un lugar preferiblemente cercano a tu trabajo, al colegio de tus hijos o de tu casa, pides recomendaciones y peguntas como funciona, el tiempo que dura, su precio y explicas que deseas (bajar de peso, tonificar partes especificas del cuerpo, pasar tiempo, etc).

En terapia es parecido, pides recomendaciones sobre los profesionales e instituciones, averiguas sobre las diferentes corrientes terapéuticas, preguntas el precio, la duración y explicas que es lo que quieres trabajar (hay muchas opciones: duelo, ansiedad, depresión, rabia, crecimiento personal, etc.), concretas el día y empiezas.

Comienzas a conocer a tu entrenador (o terapeuta) y a ti mismo en ese contexto nuevo, puede que al principio te vaya bien pero puede que no.

A veces vas avanzando y ves los cambios poco tiempo después de iniciar y a simple vista, pero en ocasiones (la mayoría de las veces) no se ven tanto como quisiéramos.

¿Por qué?

Porque suelen ser los cambios más profundos  y duraderos los que queremos tener y son esos mismos los que más nos toma tiempo obtener y visualizar.

Vamos pensando en ello mientras nos damos palabras de apoyo y continuamos.

A veces nos tocan ejercicios fáciles, agradables y que nos hacen pensar que la cosa no es tan complicada (momento feliz) y a veces hay otros que nos hacen sudar mucho, doler las partes del cuerpo y que no quieras seguir intentándolo (momento no tan feliz).

Y ¿en terapia?

En terapia hay momentos donde hablamos de temas más «sencillos», que son tranquilos donde podemos expresarnos sin profundizar tanto.

Pero otras veces solemos adentrarnos en temas que nos hacen “sudar” y sufrir, implica profundizar más en nosotros mismos: recuerdos, sentimientos, emociones, pensamientos y conductas que pueden generarnos temor, dolor, rechazo y que no queramos seguir intentándolo.

En ambos contextos le cuentas a tu entrenador/terapeuta lo que sucede y él pide saber que es lo que duele exactamente.

Además que suelen acompañarlo con una frase famosa, por ejemplo: “si duele es porque está sirviendo”, “estás trabajando la zona”.

Mira sí que es parecido a la terapia, en esta si duele es porque algo está pasando ahí y nos estamos acercando, estamos “trabajando la zona” e indagamos que sucede que produce ese malestar.

¿Será que nos odian?

Como dije antes, cuando el ejercicio nos cuesta, puede que pensemos que nuestro entrenador nos odia, que está molesto o algo parecido.

Puede que creamos que nuestro terapeuta nos odia o está molesto hoy y por eso la sesión fue quizás más fuerte que otras veces.

Pero no es así, ni tu entrenador ni tu terapeuta te odian, ni tienen como objetivo causarte malestar por diversión, el malestar se produce porque hay algo guardado, algo esta pasando y moverlo duele, pero es necesario.

Te informan de que hay que incluir otras áreas de tu vida (¿cómo es eso?)

Continúas con el ejercicio, pero tu entrenador te anuncia que no solo es trabajar el área física, sino que debes modificar otros aspectos de tu vida diaria, como la alimentación y el sueño. Esto con el fin de que se obtengan los resultados deseados, pues sino se combina con el esfuerzo, será en vano hacer tanto ejercicio.

Te das cuenta que entrenar implica algo más allá que hacer ejercicio físico, es más complejo.

Y en terapia sucede así, no solo es trabajar durante la hora de consulta, sino que se debe extrapolar a las otras áreas de tu vida para obtener cambios reales y poder observarlos realmente.

Cuando no quieres continuar…

Ahora, llegamos al punto donde no queremos seguir intentándolo; es difícil, duele mucho, no es tan rápido y te cuestionas si vale la pena, si se está haciendo algo y porque no es más fácil.

Probablemente te digas que no puedes seguir ejercitándote, porque los músculos te duelen mucho y/o hacer dieta es complicado.

En consulta puede que se te complique recordar algo, aplicarlo en tus otras áreas de vida sea difícil, duela hablar de ello o no entiendas a qué quiere llegar tu terapeuta.

Pero, siendo sinceros un momento y analizando lo que sucede, ¿no puedes o no quieres?

¿No quieres seguir intentado porque duele?, ¿desistir es más fácil que adentrarte a la “zona oscura”?

¿No quieres pero si puedes?, ¿si quieres pero no puedes?, ¿no quieres y no puedes? o ¿si quieres y si puedes?, muchas preguntas en ambos contextos y buscar la verdadera respuesta no es tan fácil ni rápido.

Entonces nos encontramos en una encrucijada, pero que al final quien debe resolverlo eres tú mismo (recuerda no hay respuestas buenas ni malas, solo respuestas).

¿Por qué tú mismo? sencillo, el proceso es individual, eres tu quien buscó la ayuda, quien mejor se conoce y quien debe hacer el mayor esfuerzo para lograr su objetivo.

Tanto el entrenador como el terapeuta son personas externas dispuestas a ayudarte, con sus herramientas y recursos obtenidos por sus años de estudio y experiencia.

Ejercen el papel de guía junto a ti en este camino e irán hasta donde los dejes, pero al final depende de ti el resultado.

No te sientas mal por ello, no siempre vemos las cosas de esa manera.

A veces solo debemos contar que es lo que pasa, como nos sentimos, respirar y recordar que no estamos solos en este proceso.

Y…¿donde estoy yo en mi proceso?

Bueno, continúo con ello, yo tengo esa discusión varias veces cuando entreno (e incluso en mi proceso terapéutico).

Y hasta ahora la respuesta ha sido que puedo pero no quiero.

No quiero, pero ¿por qué?, quizás por miedo a que duela, a que no pueda aguantarlo.

Al cambio que implica en mí y en mi vida.

A la comparación entre mis expectativas y la realidad.

Averiguar hasta donde puedo llegar.

Saber qué es lo que pasa realmente, a verme en el espejo tal cual soy, sin mentiras, sin excusas y sin “accesorios” para cubrir mis defectos y mis virtudes.

Pero lo sigo intentado, sigo levantándome y entrenando y sacando cosas productivas durante ello (eso espero).

Recuerda:

Es un día, una rutina, un ejercicio a la vez.

Un día más que es un día menos en este trayecto de crecimiento físico y mental.

Igual que en psicoterapia.